La mediación documentada más antigua de la que se tiene constancia es de hace cuatro mil años en Mesopotamia, cuando un gobernador sumerio pudo evitar una guerra por el litigio sobre unos territorios.

Después, la mediación como método alternativo de resolución de controversias surgió a causa de factores sociales, políticos y económicos que se produjeron en los EE. UU. durante la década de los años treinta a causa de la Gran Depresión de 1929 y la política intervencionista del New Deal que aplicó el gobierno en la economía en los años treinta. En este contexto, se empezó a utilizar la mediación en el ámbito laboral. Después, cerca de los años los setenta, EE. UU. sufrió una época de conflicto por la lucha por los derechos civiles que hizo aflorar la mediación en concreto, comunitaria. Finalmente, la aparición del divorcio no culpable en varios Estados contribuyó a la práctica de la mediación en el entorno familiar. Estos hechos acontecidos dieron lugar a la aparición del movimiento ADR (Alternartive Dispute Resolution) en los años sesenta.

El uso de la mediación y otros métodos alternativos de resolución de conflictos regeneró el derecho de acceso a los tribunales. En el año 2001 se creó la Uniform Mediation Act. El movimiento se extendió a Europa proveniente del Reino Unido. La mediación y el arbitraje se enmarcan en ADRs, el auge de las cuales se debe en gran medida en la escuela del Harvard Law School.

En palabras de la Unión Europea, incrementando el uso de la mediación se contribuye a que se solucionen conflictos más fácilmente al tratarse de un proceso poco formalista, donde las partes adecuan el lenguaje a sus necesidades y capacidad de comprensión, y permite una mayor eficacia en la defensa de los derechos del ciudadano. 

La mediación es un procedimiento voluntario en el cual las partes dirigen sus decisiones; es flexible, tanto en el procedimiento como en el acuerdo, y supone un coste económico, temporal y emocional menor que la justicia convencional. Además, asegura a los mediados el mantenimiento de su intimidad gracias a la confidencialidad que gobierna el procedimiento de mediación. Si se consigue un acuerdo en el proceso de mediación, puede tener fuerza ejecutiva frente a terceros y servirá igualmente para evitar llegar a los tribunales de justicia o salir de sus complejos procedimientos si procede la mediación ya que esta, como método de gestión de conflictos, pretende evitar la apertura de procesos judiciales de carácter contencioso, poner fin a los ya iniciados o reducir su alcance. 

La Mediación como medio de solución alternativo de controversias se está convirtiendo en una opción a los procesos judiciales y, por tanto, en un apoderamiento de las partes y de su capacidad de decisión en la hora de llegar a acuerdos voluntarios, sin una figura impositiva (juez), sino con una figura neutra (mediador), y sin un procedimiento caro y muchas veces eterno en el tiempo. Como consecuencia resultan acuerdos Inter partes creativos y personalizados con más posibilidades de ser cumplidos a lo largo del tiempo a causa del compromiso de las partes.