Los sesgos cognitivos inconscientes y la toma de decisiones.

Los sesgos cognitivos o prejuicios son efectos psicológicos que llevan muchas veces a una interpretación errónea o poco objetiva de la realidad. Son pensamientos equivocados que provocan una percepción distorsionada de la realidad, lo que se traduce en una expresión o pensamiento ilógico, y en caso de la mediación poco objetivo y neutral. 

Stacey Gordon, experta en diversidad e inclusión, en https://www.linkedin.com/learning/como-superar-los-sesgos-cognitivos nos habla de temas interesantes para tener en cuenta, por ejemplo, que las mujeres rubias ganan el 7% más de sueldo que las morenas. Señala que todos tenemos prejuicios, pero pocas veces o casi nunca los percibimos y por esos pueden afectarnos en mayor medida.

Daniel Hamermesh, profesor de economía en la Universidad de Texas, estudia la relación entre los atributos personales y la economía en su libro “Beauty Pays”, y confirma que las personas delgadas cobran más que las personas con sobrepeso, que a los hombres altos los ascienden más que los bajos, que las mujeres blancas cobran mejores sueldos que las negras y las latinas, que los hombres calvos ganan menos que los hombres con pelo, y que, por lo general, los hombres ganan más que las mujeres. La necesidad inconsciente de clasificar a los demás nos lleva a tomar decisiones en las que se favorecen a unas personas por encima de otras. 

Podemos entre otros, distinguir los siguientes tipos de sesgos cognitivos:

1. Aversión a la pérdida: es uno de los que afectan más al comportamiento humano, se trata de darle más importancia a la posibilidad de perder algo que a la de ganar algo con el mismo valor. La idea de perder algo es más relevante para nosotros que la idea de ganar.

2. Sesgo de afinidad: se da una respuesta a aquellas personas que más se nos parecen, o con las que tenemos mayores afinidades. Tenemos tendencia a preferir a esta personas a otras, se lo merezcan o no.

3. Efecto Forer: tendencia a sentirnos identificados con descripciones ambiguas, que verdaderamente encajan con la manera de ser o la apariencia de casi cualquier persona.

4. Sesgo de percepción: inclinación a formar estereotipos y suposiciones sobre ciertos grupos, dificultándonos este hecho el poder emitir un juicio objetivo sobre los miembros individuales de esos grupos. Nos basamos en suposiciones, no en hechos.

5. Sesgo de confirmación: buscamos pruebas que confirmen nuestras percepciones iniciales, omitiendo la información que pueda evidenciar lo contrario. Nos basamos solo en nuestros datos, no en todos los que existen.

6. Pensamiento de grupo o efecto arrastre: basado en el instinto de supervivencia, el deseo de conformidad con el grupo conlleva una mala decisión, ya que se acepta lo que dice la mayoría, independientemente de que pensemos lo contrario, ahogando nuestro criterio.

7. Sesgo de riesgo cero: tendencia a preferir reducir un pequeño riesgo hasta el 0% de probabilidad, en vez de reducir en mayor cantidad (aunque sin reducirlo al 0%) un riesgo más probable.

8. Efecto dotación: inclinación a otorgarle más valor a aquello que tenemos o que hemos hecho, por el simple hecho de que nos pertenecen. De modo que, si alguien quiere obtener algo que tenemos en nuestro poder, pediremos a cambio más de lo que estaríamos dispuestos a dar si nosotros fuésemos la otra persona.

9. Prejuicio de retrospectiva: propensión a juzgar las cosas que han ocurrido como previsibles de lo que en realidad eran.

10. Efecto halo: tendemos a valorar más positivamente todas las características y acciones de las personas que previamente hemos valorado positivamente en una de sus características, o acciones que hizo en el pasado. 

11. Sesgo del punto ciego: tendencia a asumir que los demás son más vulnerables a los sesgos cognitivos que nosotros mismos.

¿Qué podemos hacer ante los sesgos? Lo primero, estar informados sobre su existencia y saber que se pueden manifestar de muchas maneras diferentes nos vuelve más inmunes a los mismos, y a sus consecuencias sobre nuestra percepción de la realidad, lo que implica que su presencia vaya disminuyendo, ganando en objetividad, neutralidad e imparcialidad, aunque no podemos suprimirlos completamente de nuestras vidas, porque no podemos controlar completamente el funcionamiento inconsciente de nuestro cerebro.